Cada año Monfragüe sufre el paso de las 4 estaciones, cada una de ellas nos va dejando distintas experiencias inolvidables, y por supuesto que ninguna de las cuatro tiene desperdicio si las vivimos en este maravilloso museo del bosque mediterráneo en su estado mas virgen.
La espectacular berrea del ciervo, la llegada de las aves migratorias, la invernación de las aves acuáticas que cada año nos visitan desde Europa así como la explosión de color de la primavera y los olores del otoño.
Las dehesas con sus encinas y alcornoques siempre verdes y fieles a su porte redondo y achaparrado que cada otoño proporcionan un aporte necesario de alimento para nuestros cerdos negros.

Los brezos florecen dando entrada a la primavera, todo coge un ritmo frenético, todo comienza a florecer, vistiéndose nuestros campos de florecillas multicolores. Jaras, lavandas, tomillos... Millones de olores y colores nos rodean.
Los pequeños pajarillos, jilgueros, herrerillos, mitos, escribanos... Comienzan una carrera desenfrenada hacia el celo y las aves migratorias, golondrinas, milanos negros, alimoches y nuestro lingote de oro, la cigüeña negra, culminan exhaustas su viaje desde las tierras africanas.
Observa con nosotros como nuestras aves vuelven a asear sus nidos preparándose para comenzar el celo, disfruta de los vuelos de cortejo espectaculares de las rapaces, águilas perdiceras, buitres leonados, buitres negros...como los búhos reales alimentan a sus pollos mas adelantados sin que la luz del día les de ningún tipo de respeto.
Conoce las características de todos estos animales y la relación que han guardado desde años atrás con nuestros antepasados.

Que no os asuste el calor, pues todo se sofocara viendo como los pequeños polluelos que a finales de primavera han hecho eclosionar sus huevos, son alimentados por sus padres, los cuales buscan comida desesperadamente por que sus pequeños sobrevivan.
Disfruta de la cantidad de agua que albergan nuestros ríos, el Tajo y el Tiétar, alimentados por el sin fin de manantiales que bajan de la sierra de Gredos.
Los ciervos alimentan sus cuernas forradas de terciopelo y las preparan para el otoño y las ciervas pastan en manadas esperando que sus hormonas se vayan estimulando poco a poco.
Escucha en la dehesa el sonido de las campanillas y cencerros, que los pastores transumantes convierten en música celestial todos lo meses de junio, cuando pasan por la cañada real trujillana en dirección a las cumbres de Gredos para buscar hierba fresca.

Por fin llego la esperada berrea.
El verano da sus últimos coletazos y los machos de ciervo tienen sus cuernas de blanquecinas puntas dispuestas para luchar y defender a sus harenes.
Sin comer ni dormir chillan y chillan día y noche para delimitar su territorio, sus cuerpos pierden grasa a velocidad desenfrenada y sus barrigas se tiñen de negro cubriendo a todas sus hembras, las cuales cruzan las carreteras y caminos al reclamo de los berridos de los machos.
Disfruta con nosotros del placer de escuchar la berrea desde el corazón del bosque. Solos, nosotros , ellos, sus hembras y sus chillidos.
Observa como regresan desde Europa las aves acuáticas, ánades, somormujos, zampullines, cormoranes... Descubre a los zorros olisqueando las orillas de los ríos en busca de un poco de comida olvidada por los pescadores.
Colores ocres, anaranjados y amarillentos van vistiendo los árboles caducifolios y el olor a tierra húmeda envuelve todo el ambiente.

No temáis al frío del invierno, Monfragüe a pesar de ser una zona medianamente escarpada por sus sierras no alcanza temperaturas excesivamente bajas.
Las grullas cruzan nuestros cielos en formaciones y envuelven las dehesas y bosque con sus escandalosos cantos y gorgojeos, comiendo cantidades exageradas de bellotas cada día.
Grandes nubes negras de palomas torcaces que parecen volar sin sentido alguno ayudan a las grullas a terminar con las cosechas de bellotas y tiñen el cielo de nubarrones oscuros.
Te invitamos a conocer nuestro parque en invierno, no te arrepentirás.
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