
La vera llena el norte de Extremadura de historia y arquitectura tradicional. Casas de adobe y madera, calles empedradas, bosques de robles situados en la falda de las cumbres de Gredos, techo de Extremadura.
Leyendas, romances e historias de monarcas como Carlos V que eligió este paraje para pasar sus últimos días y descansar para siempre en el monasterio de Yuste.
Gastronomía que no podrás dejar pasar sin degustar, tasajo, queso de cabra, migas veratas y frambuesas...
Frías gargantas de aguas cristalinas sofocaran el calor del verano y te sorprenderá el estruendo de sus caudalosas aguas en las demás estaciones.

La nieve aun cubre sus cumbres y se fusiona en primavera con la floración del monocultivo de esta tierra tan particular, el cerezo, que viste todo el valle de blanco puro y da paso al fruto de la cereza en los meses de verano.
La garganta de los infiernos, reserva natural. Y su paraje "los pilones" deleitara vuestra vista con pozas naturales excavadas por la fuerza del río y las rocas en el invierno, aguas que en verano calman su fuerza y permiten refrescarnos en los días de calor.
Pequeños pueblos principalmente ganaderos pueblan las faldas de todo el valle y dan paso en sus cumbres a los limites con Avila.

Hervás, pequeña localidad de montaña donde la historia de los judíos aun se puede sentir en sus callejuelas. Este barrio judío conservado desde hace años nos muestra las calamidades que pasaba antaño esta cultura.
Granadilla, pueblecito de origen medieval que quedo inundado tras la construcción del embalse de Gabriel y Galán hace resaltar su castillo y su muralla entre extensos bosques de grande pinos. Y cerca de aquí, el arco de Caparra, construido en época de los romanos y escondido en una importante zona de paso , da acceso por la antigua calzada de la Vía de la Plata a las ciudades de Plasencia y Salamanca.

Los incendios provocados intencionadamente acechan cada verano a esta espectacular comarca, que se sigue defendiendo año tras año y de la que todavía queda parajes totalmente vírgenes.
Grandes chorros de agua como el Chorrituero de Ovejuela y el chorro del Gasco hacen que el final de nuestras rutas de senderismo tengan su recompensa.
El paso en la frontera con Salamanca deleita al turista con un paisaje abrupto y escarpado, la miel y el polen de las mestas endulzan nuestro camino, el monasterio de las Batuecas nos hace reflexionar y el río nos acompaña hasta convertirse en arroyo y de este pasa a hilos de agua que se tejen en la roca.

Pueblecitos de casitas de pizarra, callejuelas estrechas y millones de geranios que cubren balcones y fachadas.
Los tres valles de esta comarca dan verdor y frescura. Hoyos, Villamiel, Trevejo, Villasbuenas... Gente afable y abierta pero con unos antepasados pobres y aislados por la dureza de la escasa evolución encantarán tus sentidos con sus historias.
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